Es curioso ver cómo cambia la vida con el paso del tiempo. Hay momentos en los que no sabes dónde meterte y sólo quieres que pasen lo más rápido posible para continuar tu camino. Otros, en cambio, en los que desearías parar el mundo y vivir ese instante para siempre. Pase lo que pase y sea cuando sea, el tiempo sigue adelante, aunque en estas situaciones parezca que se para cuando quieres que acelere y que acelera cuando quieres que se pare.
En mi vida he pasado por los dos extremos. He vivido situaciones en las que no sabía qué hacer, dónde ir, con quién hablar… y me refugiaba en mi mismo haciendo de tripas corazón para no volverme loco y esperar que pasara, bien o mal pero que pasara. Momentos en los que la soledad, la melancolía, la desconfianza y el miedo se apoderaba de todo lo que me rodeaba y me sentía cada vez más desesperado. Momentos en los que no era yo, sino un ser andante con un armadura a prueba de bombas.
Pero todo eso pasó. Como dije antes el tiempo sigue adelante y, gracias a ello, he dejado todo eso atrás y espero no tener que volver a vivirlo. Estoy en el punto contrario. Momentos de confianza, en los demás y en mi mismo. Momentos en los que todo me parece maravilloso y donde cada detalle me hace llorar de alegría. Momentos increíbles de una felicidad que nunca habría podido imaginar. Momentos inolvidables al lado de la gente que más quiero.
Hoy más que nunca pienso que la vida siempre acaba compensándote. No se sabe cuando, pero lo hace. Cuando viváis momentos de tristeza pensad: “Lo mejor está por llegar”. A mi ya me ha llegado. Eres tú.